Apuntes de la categoría: Atisbos

Nubes y piedras

Fecha: 26 de marzo de 2021 Categoría: Atisbos Comentarios: 0

Un día me dio por amar a las nubes, pero son un tanto ingratas: siempre van a la deriva, sin conciencia de su deambular, así que puede uno terminar torcido y ciego de tanto seguirlas por el cielo y ellas ni cuenta se darán. Entonces fijé objetivos más realistas y me propuse amar a las piedras. Fue gratificante. Las piedras siempre están a la mano, se pueden agrupar, clasificar, hacer montículos con ellas y arrojarlas por allí si uno se siente harto ese día. También es posible convertirlas en arma y usarlas para abatir los montículos que construiste el día anterior. Nada mal: las piedras permiten abatir al objeto amado que en realidad son otras piedras. Es como convertir al amor en un arma, lo cual pocos consiguen. También se pueden construir frases como si fueran muros. Por ejemplo: “hacer de piedras corazón”, “mi pétreo amor” o “ese amor descalabrado”. En fin. Pero ya me están comenzando a hartar las piedras con todo y sus bondades. Elegiré otras cosas susceptibles de ser amadas, menos las flores. Las flores me parecen un tanto artificiales (quizás por culpa de los invernaderos) y altaneras (quizás por tanto colorido). Ya veré.

En las cimas

Fecha: 26 de marzo de 2021 Categoría: Atisbos Comentarios: 0
En las cimas de la desesperación queda arrojarse al vacío o bajar poco a poco. Eso diría Emil Cioran (creo, pero no estoy seguro)
Quizás sea mejor evitar la caída (demasiado dramática) y el descenso gradual (bastante aburrido).
Mejor quedarse por ahí, disfrutando el paisaje.
Esperar un rato.
Que se agote el vendaval.
Que escampe el chubasco.
Que amaine el torrente.
Aguardar, para que el ánimo se reencuentre.
Para mirar, al fin, la vida de otra forma.

Engañarse

Fecha: 26 de marzo de 2021 Categoría: Atisbos Comentarios: 0
El primer principio es que no se debe intentar engañar a uno mismo, pues tú eres la persona más fácil de engañar. Así lo dijo, más o menos, el gran físico Richard Feynman, el que tocaba percusiones y creaba representaciones gráficas de lo inimaginable.
Tenía razón: nos engañamos con facilidad e insistimos en el engaño, justificando lo injustificable. Por eso dudo de mi cuando me hablo a solas y desconfío de la voz en mi cabeza que me dice que algo está bien o mal, así nada más.
Es mi mente susurrándome que debo aceptar algo o rechazar algo sin pensarlo con cuidado.
Es la voz que me dice que estoy en lo correcto, que soy bueno, que persigo altos objetivos o que soy más listo que los demás.
Casi todo es un ejercicio de persuasión íntimo.
Somos crédulos, casi inocentes, frente a nosotros mismos.
Es un buen método, entonces, dudar de lo que nos decimos, como si estuviéramos dialogando con alguien que miente a cada momento y que además sabe mentir, pues nos dice las cosas con total convencimiento.
Debemos tener la capacidad de atraparnos en la mentira.

Todo es verdad…

Fecha: 20 de abril de 2020 Categoría: Atisbos Comentarios: 0
Deliciosa película All is True (Todo es verdad), de Kenneth Branagh, quien se da el gusto no sólo de producir y dirigir, sino de interpretar al propio William Shakespeare.
 
Branagh es un experto en la materia. Debutó como director con Enrique V (también interpretó al personaje protagónico: ese joven disipado que se convierte en rey guerrero) a los veintitantos años y siguió llevando a Shakespeare al cine durante toda su carrera. Ahora, en su madurez, encarna al propio Shakespeare en el último tramo de su vida: un Shakespeare abatido, después del incendio que destruyó su teatro, El Globo (The Globe Theatre), retirándose a su pueblo natal (Stratford-upon-Avon), donde terminaría muriendo tres años después. La película es deliciosa, triste, pero con algunos grandes momentos de alegría y redención. Una obra maestra, sin duda.
 
Lo más bello de la película, a mi juicio, es el encuentro actoral de dos maestros: el propio Branagh, como Shakespeare y el maravilloso Ian Mckellen como el Conde de Southampton. A este conde se le atribuyen algunos de los sonetos de Shakespeare, los de naturaleza homoerótica. Shakespeare, no se detuvo allí y también escribió otro paquete de sensuales sonetos a una misteriosa mujer de cabello negro, sin identificar (conocida tan sólo como “The Dark Lady”, es decir, La Dama Oscura). Shakespeare no parecía tener muchos problemas para apasionarse por un género u otro.
 
El caso es que pocas veces se podrá ver en una película un encuentro así, el de los maestros Ian Mckellen y Kenneth Branagh, derramando genialidad en la pantalla eterna.
 
Es el encuentro de dos ancianos recordando los versos que los unen, donde emociones poderosas se conjugan sin posibilidad alguna de plena realización. Es el canto a una belleza efímera y a la vez eterna.
 
La escena realmente da miedo por todo lo que evoca.
 
Con Shakespeare mantengo una relación tormentosa desde hace años. Lo leo (he leído muchas veces algunas de sus obras) pero no puedo dejar de subrayar cada renglón mientras lo hago, lo cual convierte mi lectura en un ejercicio casi tortuoso. Disfruté, además, casi todas las películas inspiradas en sus obras y en su propia vida, pero creo que ésta será una de mis favoritas.
 
Conozco, claro, la versión (popular versión, debo admitir) que condena a Shakespeare al papel de un simple monigote, afirmando que la real autoría de sus obras correspondió a otro, un escritor fantasma que nunca quiso poner su propio nombre en sus escritos. La conjetura comprende a Francis Bacon, a Henry Neville o incluso a Christopher Marlowe.
 
Para mí, sin embargo, tales hipótesis son puras tonterías. Las considero una expresión más de la acabada conjura de los necios sobre los gigantes: nunca pueden soportar que alguien posea el genio, que a los demás les está vedado y por ello suponen que sus obras son en realidad de otros.
 
En este caso, se trata también de la expresión de un rencor de clase: los de ínfulas nobles no pueden admitir que un hombre salido de las clases modestas pueda bordar historias donde domina el conocimiento psicológico profundo, las anécdotas crudas de la nobleza y la pasión de las grandes ideas.
 
Shakespeare, sin embargo, sigue vigente, por encima del mismo Bacon, ya no se diga de Neville o de Marlowe. Además, nos sigue regalando grandes momentos, a veces de forma indirecta, como en ese encuentro imaginario con el Conde de Southampton.

Cosa de cerdos

Fecha: 11 de septiembre de 2019 Categoría: Atisbos Comentarios: 0

Leyendo a Clemente de Alejandría me encontré esto: “Los cerdos gozan con el fango, mucho más que con el agua cristalina”. Es tan cierto. Sería imposible que gustaran de un elemento distinto al que gozan y para el que parecen hechos. Cuando así sucede, cuando se les saca del fango para criarlos con cierta higiene, parecen fuera de lugar. Se diría que hasta sufren.