Apuntes de la categoría: Eso que brota

Dos ríos

Fecha: 19 de septiembre de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Dos ríos corren en mi. Uno es lento, tanto que aletarga. Cuando quiero salir del ritmo cotidiano, me asomo al río que fluye con calma y pierdo la razón de la prisa. Si quiero apretar el paso, descomponer al mundo, me alejo de ese río imperturbable que no quiere darse prisa y me arrojo al otro, al del bullicio, al tortuoso, al que no tiene piedad, al que sólo avanza por el cauce que le da la gana.

Dejarse caer

Fecha: 11 de septiembre de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Esta noche no leeré,
me dejaré caer entre tus dedos.
Buscaré pasos,
no letras.
Intentaré el silencio
sin decirme pensamientos
y volveré a mis sueños
mientras duermes.

Acordes

Fecha: 27 de agosto de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Algunos acordes de tu piel

suenan a condena.

Me hunden, inconsolable.

―Desearía no escucharlos―

Otros, los discordantes,

son pecaminosos,

animan la inmersión.

―Desearía ensordecerme

con ellos―

Cada rasgueo de tu piel

suena a lo mismo

mientras te escucho.

Estatua de sal

Fecha: 16 de agosto de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Soñé que miraba lo prohibido y me convertía en una estatua de sal. Entonces me probé y vi que no estaba hecho de sal de Cuyutlán. Inadmisible. Entonces me dejé a la intemperie y esperé a que lloviera para diluirme. Con suerte llegaré al mar y renaceré.

Una imagen

Fecha: 20 de julio de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Ella está de pie. Él también, Miran hacia el frente, pero no a la cámara. Alguien les dijo que deben mirar a un punto indescifrable, algo en la distancia, quizás una cosa que pasa. Ella limpia, bien planchada. El ajado, como los días de labor, como la vida sin tregua. Es una pareja madura. Mineros, quizás. Lo digo por la escalera a un lado, el pico y la pala al suelo. Atrás una gran piedra. El viejo fotógrafo me dijo: “inventa una historia”. Lo hice. Supuse que él se dedicaría por años a golpear la piedra hasta volverla añicos y ella lo asistiría con la resignación de lo que toca en vida. Supuse una vida de búsqueda con hallazgos ocasionales de sonrisa fugaz, para volver a la faena del día siguiente. Pero no fue así. El viejo fotógrafo me lo dijo al final: en realidad ni se conocían. Los vio al pasar y les pidió que posaran frente a esa piedra. Los implementos ―escalera, pico y pala― ya estaban allí. Por eso la pareja ocasional guarda distancia y mira hacia algún lugar. Por eso se perciben incómodos. Una pose sin mayor propósito. Un afán de participar en lo que alguien pide. Estar allí nada más, mientras alguien toma una foto que parece contar una historia. Y yo aquí sacando conclusiones que a nadie importan. Otro día no diré lo que pienso y haré como ellos: me recargaré en una gran piedra y miraré sin decir nada.