Apuntes de la categoría: Eso que brota

Punto de partida

Fecha: 10 de mayo de 2021 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Me alejo lo más posible y sigo regresando al punto de partida. No es que vaya en círculos: es que el punto de partida me persigue, me anticipa y se coloca de nuevo en donde sea que esté y a donde sea que vaya.

Pasos que son deseo

Fecha: 1 de mayo de 2021 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Es un caminar el suyo

con mucho de prohibido

de andar despacio

de avance inevitable.

 

Sus pasos son deseo

y mi alma puede perderse

entre su ritmo.

 

Ella es abismo,

quizás,

y aun así quiero caer en peso

hundirme en ella

de perder la entereza

porque una caricia suya

vale la pena

 

Mirarla así puede ser pecado,

obscenidad,

lascivia.

Pero a ella no le importa.

 

No siente mi caricia en su piel,

el tacto en su suave superficie.

 

Mi humedad no permea en sus ondulaciones,

y mi voz no se vuelve eco en sus declives…

 

Si pudiera escuchar mi gozo íntimo

quizás jamás me lo perdonaría

o quizás sí.

 

Me miraría con su mirada de halcón,

como mira el cazador a la presa.

 

Ave de caza

que puede arrebatar

vida y paz

volver efímero tanto

y sigue a la espera de todo

íntimo quebranto.

 

 

Poema en tres tiempos

Fecha: 1 de mayo de 2021 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

I La muchacha que camina sin mirarme.

 

Avanza y a la distancia la sigo.

Está en lo suyo y nada le incomoda.

Otros la miran con deseo pasajero.

Los entiendo.

El mío es deseo también (debo confesarlo)

pero arropado en reverencia y rendición.

 

Diferencia entonces…

Reverencia: honrar su porte.

Rendirse: es lo que ocurre cuando ella camina.

 

Mirar debería ser insistencia.

Tocar.

Al menos hacer cosquillas,

testerear,

prolongación del tacto

(el mundo sería distinto y las miradas serían prohibidas)

Pero no es así en este momento,

pues la miro y la miro mientras ella en lo suyo

sin devolver mirada.

No siente mis pasos en su piel,

mi pulso en sus largas piernas,

la opresión en su mejilla.

Sigue en lo suyo.

Indiferente.

Altiva.

 

Quizás la miran tanto que la lascivia es una brisa distante,

su epidermis es refractaria a las miradas,

curtió su ser a la insolencia

y puede desdeñarme/desdeñar a mi/a todo sin un gesto.

 

Me gustaría que mirara un poco,

a mí claro, al menos de soslayo.

Una mirada al menos

para saber que la estoy mirando.

Como si sintiera un poco la mirada

que la toca desde lejos.

Pero nada.

Sigue tan en sí que no hay lugar para mí.

 

Quizás un día me mire y sepa que la miro.

Eso me digo mientras sigo mirándola.

 

II Abismo en ella

 

Hay un abismo en ella y a pesar de todo dan ganas de caer por su ladera.

 

Hay palabras prohibidas en su piel y de cualquier forma anhelo descifrarla pesando cada una de sus letras.

 

Hay distancias inquietantes en sus piernas y sin embargo quisiera salvarlas con un medidor cifrado por mi boca.

 

Hay algo en su mirada que da miedo y aun así quisiera sostenerla, sin duda o parpadeo.

 

Hay tanto en ella en desafío y contra toda advertencia sostendría un duelo, sin importar ganar o ser vencido.

 

Y ya por no seguir, advierto además qué hay mucho de desdén entre sus labios y sin importarme nada quisiera retenerlos con los míos.

 

III El dibujo de su boca

 

Tiene su boca un dibujo que no es mío.

Alguien trazó sus labios y los dejó turgentes.

Los mordió quizás, como al descuido.

Los dejó por allí, esperanzados.

 

Su boca se ríe cuando intento besarla

Y si logro el beso rehúye un poco,

como al descuido.

 

Es como una firma:

un beso suave

(o lo parece)

y cuando siente llegar a lo profundo

rehúye,

escapa,

olvida

y luego vuelve a embestir

como si estuviera a la espera

del gran beso

del inesperado momento

de la urgencia de los labios,

como si el mundo o algo más

valieran la pena por ese momento.

 

Y esa boca donde se pierden los incautos,

como una flor que atrapara anhelos,

ansias,

desenfrenos,

como otras flores atrapan los insectos.

 

Atrapó algo de mi paz

desde hace tiempo.

Yemas

Fecha: 26 de marzo de 2021 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0
Se alquilan las yemas de mis dedos este 14 de febrero.
Se alquilan las yemas de mis dedos, las que dibujaban caricias en su rostro frente al mar, una vez caminando por la calle, otras más en la banca vacía de aquel jardín.
Yemas desdibujadas. Sus pliegues, sus trazos epidérmicos, sus crestas y laberintos ya no quieren saber de sí.
Yemas huérfanas. No se regocijan más en la saliente de su perfil, esos pómulos labrados con pulimento y desdén.
Yemas que bordan lo inasible y no pueden imprimirse ―dactilograma de ilusiones― por sus mejillas en declive, con la huella de estar allí.
Yemas resecas. Ya no logran preservarse, petrificarse yo diría, en el goteo ámbar de sus poros.
Yemas dubitativas… ¿Para qué conservarlas? Mejor alquilarlas, que den alguna renta, que hagan algo para mí. Quizás ponerlas en subasta, rematarlas, dejarlas ir.
Yemas ingrávidas, anhelantes de anclaje, de posarse con regocijo, de señal propicia de aterrizaje.
Yemas errantes a la búsqueda de una patria prometida: epidermis sin confusión, locura, culpa o egoísmo.
Yemas extraviadas a la caza de una superficie dispuesta a ser hollada, de un solar sensible que no quiera sacudirse esa táctil opresión.
Yemas en ruina. Hacer algo con ellas mientras sigan como tales, afanosas en el puro querer tocar.
Yemas confusas. Que hagan algo, cualquier cosa, que las distraiga de seguir tanteando y tonteando hacia la nada y el pesar.

Eso

Fecha: 26 de marzo de 2021 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0
No nací con eso,
lo que sea eso
o mejor dicho: lo que sea que eso sea,
así que debo hacer lo posible con lo que tengo.
No es mucho quizás,
pero algo es
y eso que es podría ser eso
que hace posible lo que sea.
Bueno, eso digo yo,
así que si puede ser
pues entonces que sea.