Mollera hundida

Fecha: 11 de noviembre de 2021 Categoría: Eso que me digo Comentarios: 0
Ayer se me hundió la mollera por un susto del que no quiero contarles. Fue un hundimiento aparatoso: bien cabría una pelota de golf en la parte más alta de mi cabeza. Fui al médico. Me examinó con cuidado y me prescribió una dieta estricta de abundantes minerales y calcio para conseguir la “re-osificación”, según me dijo. También me recomendó usar sobrero o alguna cachucha. Le dije que no acostumbrada eso, pues la verdad tengo la cabeza muy grande y es difícil encontrar algo que se ajuste con cierta comodidad.
―Pues si ―me dijo―, pero si no se cubre el hueco puede quedar agua residual cuando se bañe y con el agua estancada se anidarían mosquitos. Tuve un paciente así. Su cabeza olía muy mal porque los “maromeros” lo agarraron de alberca ambulante.
Eso me preocupó mucho. Los moquitos son muy molestos y debe ser incómodo tenerlos revoloteando en la cabeza. Me horrorizó, también, tener agua putrefacta tan cerca de mi nariz pues son muy sensible con los malos olores y no se puede olvidar el tema del dengue: en un descuido me convertiría en un propagador de enfermedades en mi casa y por todo el barrio. Le pregunté si no habría otra opción. El doctor lo pensó unos momentos y luego me sugirió aprovechar el hueco para plantarme un poco de pelo.
―Esto puede ser una oportunidad amigo mío. Podría plantar allí un buen matorral que después se propagaría al resto de la cabeza.
Le dije que no sabía que el pelo se propagara así. Me respondió que la ciencia está logrando avances muy importantes al respecto. Que unos genetistas de Zúrich habían diseñado un “cabello-espora”, muy similar al helecho, que con buenos cuidados se reproducía solo y poco a poco comenzaba a llenar todo el espacio de la cabeza. Añadió que el hueco de la mollera, por su humedad, sería un buen territorio para comenzar la propagación.
La recomendación me pareció viable y me recomendó con un doctor especialista en la Ciudad de México que tenía la patente del cabello-espora. Le pregunté si el tratamiento sería caro, pues acabo de concluir con mi responsabilidad institucional y no tengo trabajo. Me dijo que sí, que cada pelito-espora estaba valuado en dólares o euros, además que de cualquier forma no podría evitar el sombrero o la cachucha, pues el procedimiento exige sombra y humedad para garantizar resultados.
Todo eso me desanimó. Le dije que no podía permitirme un gasto tan elevado en estos momentos y le pregunté que si no tendría otra opción. Guardó silencio unos momentos y después me dijo:
―Bueno, hay un procedimiento radical. Tiene usted que estar parado de manos por una o dos horas al día, lo que aguante, para que la mollera baje rápido y se acelere la “re-osificación”.
Nunca me he parado de manos y dudo que pueda hacer algo así a mi edad. Pensé inmediatamente en las opciones: contratar un par de fisicoculturistas o levantadores halterófilos que me soporten sujeto de las piernas durante el tiempo prescrito o diseñar algún sostén metálico donde un par de abrazaderas me sostengan desde los pies. No me apetecía andar buscando fisicoculturistas o halterófilos en los gimnasios, pues podrían confundirme con un acosador, así que fui con una amiga, Yesenia, que tiene un taller de herrería y le platiqué mis tribulaciones.
Total, para no hacer el cuento largo mi amiga ya está diseñando la estructura para sostenerme de cabeza y estoy emocionado esperándola en casa. Creo que me veré como aquel Batman interpretado por Michael Keaton, colgado de pies como un murciélago. Les enviaré fotos, claro.
Me dice un ex compañero de oficina, muy dado a las filosofías orientales, que eso puede ser muy bueno no sólo para recuperar la mollera caída, sino también para despertar mis chakras.
Ya les diré si alcanzo la iluminación.
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