Mirando mi yo

Fecha: 29 de abril de 2016 Categoría: Casa de Empeños Comentarios: 0

Tengo al lado del espejo, en mi habitación, una foto que conservo que me tomaron a los 18 o 19 años (cuando fui dirigente juvenil del partido en que milito). No es por vanidad, pues en todo caso el efecto sería adverso: allí tengo mucho pelo, ninguna arruga, una mirada limpia y muchas ilusiones en el alma. Tampoco la tengo para torturarme y ni siquiera para sentir el paso del tiempo. La tengo para no perder la vergüenza. Me explico: en aquellos años mis convicciones eran fuertes y por fortuna las conservo. No quiero perderlas. Muchos amigos de entonces compartían conmigo ideales e ilusiones y después se volvieron seres tóxicos y oscuros. Otros se hicieron flojos y se dejaron vencer: hoy se la pasan hablando mal de todo o elogiando a alguien hasta el punto del absurdo. Algunos más se extraviaron en algún recodo y no pudieron regresar. Otros, como yo, seguimos luchando y viviendo en la aventura (como D’Artagnan veinte años después). En mi caso, quiero seguir con mi imagen del ayer muy a la mano, para que ese yo joven nunca se avergüence del yo de este día y puedan seguir (ambos) mirándose a los ojos. Sé que no todo lo que ahora soy será del agrado de mi yo joven. Juzgará, así lo creo, que me faltó un poco más de audacia y otro tanto de carácter en uno que otro asunto. Intuyo que desaprobará algunas decisiones y ciertas indecisiones. Quizás también, en algunas opiniones, ya no podrá coincidir conmigo. Pero, estoy seguro de algo vital: no le traicioné en los temas importantes. También creo que podrá sentirse satisfecho, pues su yo de 47 (casi 48) años, no perdió lo esencial con los cambios de Fortuna y conserva íntegro el entusiasmo, día con día, para luchar por sus anhelos sin renunciar a lo que soy y sin lastimar a lo que fui. Por eso me atrevo a una sentencia: que sean otros los que se avergüencen frente a su imagen del ayer. Yo la tengo frente a mí, todos los días, para nunca traicionarla.

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