Primera Entrega

Fecha: 14 de junio de 2010 Categoría: Casa de Empeños Comentarios: 0

Escribir es uno de mis empeños, pero no el único. Mi casa –la casa de ustedes– parece un costalillo rebosante de pasiones insatisfechas. Es la casa de mi alma. Anidan en ella aficiones diversas y, debo confesar, algunas inquietantes: los tiempos duros de la mafia, la afición a las personalidades extravagantes (personajes en busca de escritor), los anhelos de una paz conventual, las meditaciones metafísicas, el gusto infantil por la psicología criminal, los ojos de mi esposa, el café vespertino con mi madre, la afición a las armas de mi padre, las voces de mis hijas, el humo de los cigarrillos, los paisajes sicilianos, las cocas con limón (a la manera de Belascoarán), la historia romana y florentina, las odas de Horacio, la oratoria (o la musa vociferante), los ensayos de Syme, los temas municipales, la historia del derecho constitucional, las películas policiacas, la literatura negra (o mejor, renegrida), los temas eróticos (en arte, cine, novela y relato), las fotografías antiguas, Guicciardini y Maquiavelo, los ensayos de Montesquieu, los discursos antiguos (como aquel tan afamado de Pericles), la pedagogía, la filosofía «a martillazos” de Nietzche y Ciorán, los afanes de bombero, los vampiros, la historia bíblica, las novelas de Fleming, (y también las de Graves, Puzo y Highsmith), la política, el debate (pero del bueno, no el alegato afeminado que suele verse por ciertos lados), el box, las películas de luchadores y otras cosas que da pena confesar de una buena vez.

A veces siento que de no escribir terminaría acumulando palabras, gustos, aficiones, hasta reventar como un glotón desenfrenado. Sí, escribir adelgaza, permite limpiar los cajones de la cabeza y airear un poco su contenido.

Si ustedes me lo permiten lo haré en estas páginas que no lo son en verdad.

Aquí platicaremos un poco de todo. De mis empeños y obsesiones (y también de las obsesiones de otros). Después de todo, para eso son las casas de empeños: para dejar algo querido en prenda y llevarse algo de valor circunstancial a cambio.

Quien guste de leerme, así lo espero, no malgastará del todo su tiempo.

Ya veremos lo que nos dura el gusto.

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