Uno de los grandes

Fecha: 21 de mayo de 2014 Categoría: Casa de Empeños Comentarios: 1

Cuando tenía unos ocho o nueve años acompañé a mi padre a una visita a un domicilio. Una casa de altos muros y ventanas, muy cercana al centro del Colima. Mi padre llevaba un legajo de documentos que requerían una firma. Mi padre era, por ese tiempo, subdirector de la Secundaria 80 y también colaboraba en la Universidad de Colima. Alguien abrió la puerta, nos hicieron pasar y subimos a una de las habitaciones. Allí estaba, en cama y muy enfermo de tos, el funcionario al que buscaba mi padre. La tos no le permitía ni siquiera sostener una plática continua, pero me saludó con mucha amabilidad, lo mismo que a mi padre. Hizo algunas preguntas y se incorporó, con muchas dificultades, para firmar todos los documentos. Nos despedimos de él y salimos. Me impresionaba mucho que alguien tuviera que ser molestado cuando estaba enfermo. Le pregunté a mi padre sobre eso. Me dijo que cuando alguien tiene una función importante ninguna enfermedad puede detenerlo. Debe hacer lo que tiene que hacer y punto. A mi padre le gustaban las frases así, un poco dramáticas pero efectivas. Volví a ver la casa desde afuera. Volví a ver los muros altos, por lo menos para mí, y las ventanas que no parecían estar al alcance. Le pregunté sobre eso a mi padre. Nuestra casa era distinta, con un jardín a la vista y una puerta que siempre estaba abierta. Me dijo algo así: “Es que es un político y a los políticos no les gusta estar a tiro de piedra. Alguien puede querer hacerles daño”. Le pregunté más sobre eso, sobre lo que significaba ser un político y la razón de que alguien pudiera querer hacerles daño. Mi padre era paciente y tenía instinto pedagógico. Me explicó que algunas personas aspiran a tomar decisiones, a ser los que dirigen las empresas, las instituciones, los países. Es una vocación, como aspirar a ser médico o ingeniero. A esas personas se les llama políticos y los hay de muchos tipos, buenos y malos, pero todos tienen que tomar decisiones que otros no quieren o no pueden tomar y cuando las toman no pueden evitar beneficiar a algunos y molestar a otros, pues nadie puede quedar bien con todo el mundo, así que los políticos deben saber cuidarse de quienes no están contentos con ellos. Pero —añadió— si lo piensas bien, así le ocurre a todo el mundo. Ni el hombre más alejado de la política puede estar bien con todos. Siempre habrá alguien que lo envidie o se sienta ofendido por él y algunos querrán dañarlo, por eso hay que tener cuidado.

Con los años entendí muy bien eso que me dijo mi padre y fui testigo de ese peligro que corren los políticos. Ejemplos los tenemos a la mano y no es necesario recordarlos en este momento. Lo importante aquí es que a ese personaje, que ya en aquella época era importante, lo seguí viendo y disfruté muchas veces de sus palabras a lo largo de los años. Era un hombre tranquilo, sosegado, siempre dando la impresión de que nada podía sorprenderlo y que esperaba lo mejor o lo peor de cada circunstancia con la misma naturalidad. Siempre me trató con afecto, un afecto familiar, el mismo que le había dispensado a mi padre y que yo heredé. Por supuesto, mi padre le tenía particular estimación. Una vez me dijo que gracias a él había podido sortear algunas dificultades personales a lo largo de los años.

Con los años yo mismo me convertí en un personaje público y, cosa curiosa, pude ser secretario de la administración estatal, en el área cultural, al mismo tiempo que aquel político que había conocido de niño, que lo fue en el área de planeación. Siendo una personalidad importante en sus mejores años como funcionario público, siguió como tal en la última etapa de su vida. Fue rector de la Universidad de Colima, a la cual convirtió en una institución educativa sólida. También fue diputado federal, secretario de Planeación del Gobierno del Estado y dueño de un importante medio de comunicación impreso. En su última etapa como servidor público todavía hizo una aportación más a su entidad natal, siendo uno de los principales promotores para la creación de una nueva institución educativa: la Universidad Tecnológica de Manzanillo.

No puede decirse que no cumplió su misión en la vida. Tampoco puede decirse que quedó bien con todos aquellos que lo conocieron, pero así es esto: no existe la política sin controversia, como no existe el éxito sin lastimar algunos intereses. Lo importante es que su nombre queda inscrito en muchos capítulos importantes de la historia política, educativa, universitaria y administrativa de la entidad. Fue uno de los grandes de Colima. Sin duda.

Descanse en paz, Jorge Humberto Silva Ochoa. Yo lo recordaré con afecto.

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Comentarios

  1. que buenas palabras para el licenciado la verdad alguien muy importante del estado de colima.. en paz descanse jorge humberto silva ochoa