Ayer que llovió

Fecha: 18 de junio de 2018 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Ayer que llovió me volví líquido, me escurrí por la porosa tierra y me erguí otra vez, envuelto en vapor ardiente.

Ayer que llovió cambié un poco de rutina: antes me empapaba de mí, autosuficiente, con el agua que hace de la piel su yacimiento.

Ayer que llovió jugué a estar hecho de lo que cae y no de lo que brota, precipitación y no manantial, caída sin ascenso.

Ayer, desde que quiso llover, corrí a encontrarme con el agua antes que el cielo se arrepintiera, pues mientras unos buscan techo yo quiero coladera.

Ayer que llovió miré al cielo y abrí la boca, pues quiero mojarme por dentro para que reverdezca el alma.

Ayer que llovió me di cuenta, entre otras cosas, que la lluvia se queda, que no fluye, que aguarda… Que soy yo el que se dilapida y se precipita sin tregua.

Ayer que llovió vi la lluvia desganada y para ayudarla me puse a llorar hasta que el agua que corría se volvió salada.

Esta tarde vi llover, vi gente correr… Entre ellas vi a una, la más ingrata, así que me cubrí de inmediato para que no me reconociera.

Mejor dejar correr lo que no se puede beber, que al cabo, quiera Dios, volverá a llover mañana.

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