Diez reflexiones para enfrentar con éxito el resguardo en el hogar

Fecha: 23 de abril de 2020 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

La emergencia sanitaria por el Covid-19 se expresa en muchos retos. Uno de ellos es la actitud que podemos asumir mientras dura el aislamiento social, ese aislamiento que yo prefiero llamar “resguardo en el hogar”, pues no es deseable concebirnos como aislados del resto de la sociedad. Para ello escribí diez reflexiones personales.

No pretendo poseer la verdad ni expresar juicios absolutos, sino contribuir de alguna forma a que todos superemos tan difícil circunstancia. Tampoco es un listado exhaustivo: existen muchos temas más que pueden analizarse, pero con algo debemos comenzar.

Espero que estas reflexiones sean de utilidad para todas y todos ustedes y me ayuden a compartirlas si consideran que valen la pena.

  1. Mirar con sentido crítico los comentarios inspirados en visiones irracionales. En los momentos de crisis proliferan los comentarios de personas que incitan a los pensamientos catastróficos o apocalípticos, es decir, los que hablan del fin del mundo o de algunas formas de castigo sobrenatural. Esas tendencias (me resisto a llamarlas “ideas”) no sirven de mucho. Al contrario, pueden desatar emociones negativas. El refugio en la fe es sano, pero lo que no es sano es interpretar de forma retorcida a la misma fe, como lo hacen algunas personas inconscientes (incluso alucinadas) que difunden falsas profecías y mensajes sin sustento.
  2. Evitar consumir y difundir información falsa sobre la pandemia. Recordemos que somos lo que leemos y, en mayor medida, somos lo que difundimos, así que al propagar versiones sin sustento en realidad estamos arrojando más basura al mundo. No debe olvidarse, además, que una información falsa puede alterar a muchas personas. En las redes sociales se popularizan noticias imaginarias y comentarios sin fundamento científico, que cuando se examinan un poco se revelan como algo absurdo. El problema es que muchas veces no analizamos: tomamos esas notas como algo verídico y las difundimos de inmediato, pensando que hacemos lo correcto. Notas así están hechas para añadir más horror a lo que ya se enfrenta y eso no tiene ninguna utilidad, salvo multiplicar procesos de angustia o desilusión.
  3. Resistir la tentación de culpar a alguien o algunos de lo que estamos viviendo. Eso ocurre en situaciones críticas, como las que provoca una epidemia y empeoran con los problemas financieros que afectan al empleo y el ingreso familiar. Al buscar culpables en realidad desplazamos la angustia que estamos experimentando, pero eso no sirve de mucho, salvo erosionar más la convivencia. Estos no son momentos de adjudicar culpas, sino de enfrentar las dificultades y superarlas. No creamos que señalando culpables resolveremos nuestros propios problemas. Es además algo injusto. La culpa no sólo se dirige hacia autoridades políticas, sino a quienes tenemos más a la mano: nuestra pareja, nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo o nuestros jefes inmediatos. Eso debilita, en lugar de fortalecer, nuestra red de vínculos afectivos y sociales.
  4. Mantengamos un nivel razonable de confianza en las autoridades. En estos momentos es conveniente atender los mensajes de los representantes institucionales en los tres órdenes (federal, estatal y municipal). Quizás esos representantes no tengan toda la razón, pero brindan una guía sobre lo que debe hacerse de forma organizada. Si esos representantes te piden, por ejemplo, que te resguardes, que uses cubrebocas, que no asistas a reuniones, por algo es. Esa capacidad de escuchar y atender los mensajes institucionales nos permite mantener el orden social en momentos críticos. Lo contrario es alentar procesos de desobediencia civil o incluso de anarquía, que generan más problemas que beneficios. Ya habrá oportunidad de juzgar si la actuación pública de determinada autoridad fue la correcta o no. Mientras tanto lo mejor es acatar recomendaciones.
  5. Luchar por evitar o resolver las tensiones inevitables que surgen en las horas de resguardo. Si tenemos necesidad de compartir nuestro encierro con otras personas, como nuestra familia o nuestra pareja, no podemos permitirnos caer en discusiones o fricciones que sólo volverán terribles los momentos de obligada convivencia. Recordemos que no es lo mismo coexistir que convivir. Coexistir es compartir un espacio. Convivir es compartir obligaciones y responsabilidades, respetando sentimientos, opiniones y necesidades. Nada peor para la convivencia que intentar imponer la voluntad en lugar de dialogar y llegar a ciertos acuerdos básicos. Algunas personas administran de mejor forma el estrés y por ello están obligadas a brindar soluciones a los otros, ayudándoles a reconocer cuando su perspectiva no es la correcta. También debemos saber mirarnos a nosotros mismos, pues quizás seamos los que no estamos procediendo de la mejor forma. Es importante saber mirarnos y no sólo mirar a los demás
  6. Saber identificar y evitar los pensamientos irracionales o negativos que parecen rondarnos. Esos pensamientos son como una voz insistente en nuestra cabeza o, si se quiere, son muy similares a la figura del diablito susurrando en una oreja. En efecto, es muy fácil en situaciones de resguardo, sobre todo cuando existe tanta angustia en el medio social, caer en pensamientos irracionales o negativos. Estos pensamientos aparecen en situaciones estresantes y generan muchos conflictos. Son pensamientos catastróficos y con poco fundamento en la realidad, tales como: “¿ya estaré contagiado?’”, “si me contagio moriré pues estoy en un grupo de riesgo”, “¿y si muero qué será de mis hijos?’”, en fin. Debemos ponerle un alto a esos pensamientos y desecharlos de inmediato, canalizando nuestros pensamientos hacia escenarios más realistas y menos dramáticos. Cuando esos pensamientos se vuelven invasivos y no podemos controlarlos es conveniente platicarlos con una amistad de confianza o, mejor aún, con un profesional de la psicología, para devolverlos a su justo nivel. Hay muchos profesionales de la psicología que podrían atenderte por teléfono o por mensajes en redes sociales durante esta emergencia.
  7. Es muy importante mantener la mente orientada hacia actividades placenteras y, de preferencia creativas. Recordemos que el descanso o la inactividad sin metas ni tareas puede llevarnos a la depresión o al “aplanamiento”, es decir, a no responder de forma adecuada a los estímulos que nos rodean. Es una misión de gran responsabilidad encontrar alguna actividad que nos satisfaga y mantenga activos. Hay tantas como gustos existen: leer (y existen muchos géneros de lectura: novela, poesía, cuento, ensayos); mirar series o películas con un contenido crítico y comentarlas con los amigos; dibujar o pintar en cualquier material; anotar nuestros pensamientos en una forma de diario; realizar alguna actividad manual entre las muchas que existen, en fin. Lo importante es dar un sentido creativo al tiempo disponible y aprovecharlo. Resultaría muy útil encontrar actividades que nos sean placenteras en lo individual, pero también en lo familiar, pues de esa forma podremos contribuir a la felicidad de todos los que comparten con nosotros el resguardo.
  8. Debemos luchar contra el insomnio, que suele aparecer en los momentos de confinamiento. El insomnio rompe el equilibrio vital y genera muchos efectos indeseables. Debemos esforzarnos por acostarnos a una hora estable y levantarnos también a una hora apropiada, organizando nuestra agenda con actividades esenciales tales como: hacer un poco de ejercicio sin desplazamiento exterior; dedicar un poco de tiempo a controlar de forma relajante nuestra respiración; preparar nuestros alimentos y ensayar recetas; trabajar si es posible; convivir con la familia; hacer algunas reparaciones o limpiezas hogareñas, en fin. Existen muchas técnicas para combatir el insomnio y están disponibles por internet. Sólo deben buscarse los sitios serios y con un contenido profesional. Por ejemplo, el insomnio puede combatirse con ejercicios de relajación, evitando actividades excitantes en las horas previas al acostarse y suprimiendo las siestas largas en el curso del día, entre muchas técnicas más.
  9. Puedes estar en soledad física, pero no por eso debes permanecer aislado socialmente. Por fortuna nuestra época nos permite estar en comunicación por muchos medios y lo importante es hacerlo con personas que compartan nuestros intereses o con las que tengamos afinidad. La comunicación es fundamental y esa comunicación debe poseer calidad: platicar de temas amenos; compartir algo con humor; brindar consejos y saber recibirlos; compartir lecturas en formato PDF o la música que nos agrada, en fin. El aislamiento es indeseable, pues somos seres sociales y cuando no conversamos o compartimos intereses con otros caemos en crisis de identidad. Esas crisis se expresan haciendo cosas que usualmente no haríamos, como mantenernos desaliñados, vestirnos de forma estrafalaria o incluso andar paseándonos desnudos por la casa, lo cual nos puede despersonalizar. Recordemos que una buena amistad es la que nos divierte, la que nos enriquece con sus opiniones o la que nos ofrece aspectos positivos como la tranquilidad y la confianza. Si al contrario nos comparte angustia, nos resta valía o nos afecta, es momento de buscar otras amistades.
  10. Pensar hacia el futuro, concibiendo planes y propósitos, para acumular expectativa, esperanza y energía vital. Los momentos de resguardo vuelven poco aceptables los consejos que en otros momentos pueden ser útiles, como los que apelan al “aquí y ahora”, o a la exaltación del presente. El resguardo en el hogar debe ser territorio mental del futuro. Eso implica dotar a nuestro ser de un sentido de vida, que es lo que permitió sobrevivir a quienes enfrentaron el holocausto, la prisión o una circunstancia adversa. Es el momento de valorar lo que hemos hecho para intentar hacer algo más con nuestra oportunidad de vida, es decir, dirigir nuestra voluntad hacia nuevos sueños y aspiraciones. Quizás sea el momento de planificar algún reto que se ha pospuesto durante mucho tiempo, de recobrar una amistad perdida, de fortalecer los lazos familiares. Esa visión del futuro no sólo debe agotarse en nosotros mismos, sino compartirse con la familia para advertir los anhelos que cada integrante posee. Muchas veces ignoramos hasta lo que ambiciona nuestra pareja y es momento de entrelazar proyectos. Recordemos que todo momento crítico es temporal y debemos dirigir nuestro pensamiento hacia lo que haremos cuando esto pase.
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