El otro hilo de Ariadna

Fecha: 26 de octubre de 2016 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Una de mis tareas cotidianas es sacar a pasear a mi perro a eso de las siete de la mañana, después de llevar a alguna de mis hijas a la escuela. No es una tarea grata, aunque lo parezca. Los perros están aquejados por el síndrome de Ariadna —la princesa que se alió con Teseo y lo dotó del ingenio para escapar del laberinto de Cnosos— y riegan su camino de algo que para ellos es un hilo dorado, un filamento que les marca el regreso al hogar. Para ellos será un valioso don, claro, pero para nosotros es una fila de inmundicias del tipo uno y dos. Como soy un obsesivo, detesto la idea de contaminar las calles con los desechos de mi schnauzer, así que cargo conmigo no una sino dos y hasta tres bolsitas de plástico. Mi perro me mira con curiosidad cuando recupero esas excrecencias adheridas al suelo. Debe pensar que estoy loco y yo mismo puedo estar de acuerdo con su juicio, pero me da horror dejar por allí esas cosas. Claro, no todos mis vecinos están de acuerdo. A esas horas encuentro a muchos paseando a sus adorables mascotas sin preocuparse de los desechos. Deben pensar que las calles son basurero. Incluso sé de uno que saca temprano a su perro, lo lleva al jardín, espera a que alivie su peludo vientre por allí y luego regresa tan campante a su casa, ignorando las furibundas miradas de quienes hacen ejercicio. Cada quien. En otros años le habría reclamado con energía. Hoy no, pues considero tales empeños una batalla perdida: nada se puede hacer frente a quienes rechazan las normas sociales y no están dispuestos a cambiar. La única solución es la aplicación de leyes y reglamentos, pero eso es otra historia. Así que protestar sólo me llevará a un rato de cívica amargura y no estoy dispuesto a lastimar mi mañana con el hígado petrificado del coraje. Prefiero hacer lo correcto y olvidarme un poco de lo que hacen los demás. Mientras tanto sigo paseando a mi perro y cargando bolsitas de plástico. Pero, ahora que lo pienso, el plástico también contamina. Quizás sea momento de utilizar bolsas de papel, pero el papel tampoco es muy ecológico que digamos ya que se derrumban árboles para extraerlo. Dilemas de los trastornos obsesivos: perderse en exploraciones mentales que a nadie le importan. Seguiré caminando…

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