El tiempo que no pasa

Fecha: 18 de julio de 2016 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Un viejo libro de Carlos Fuentes me ayudó a entender el enredado transitar del país. Yo leí la edición original de 1971, de la editorial Joaquin Mortiz, unos trece o catorce años después de su publicación, cuando cursaba el bachillerato. Una frase en especial me abrió el entendimiento y sigue (o seguía) ofreciéndome claves para entender la realidad mexicana: «la premisa del escritor europeo es la unidad de un tiempo lineal, que progresa hacia adelante digiriendo, asimilando el pasado. Entre nosotros, en cambio, no hay un solo tiempo: todos los tiempos están vivos, todos los pasados son presentes» (la frase aparece en el primer ensayo del citado libro: «Kierkegaard entre nosotros»)
Armado con esa idea pude entender muchas cosas. No me pareció extraño confirmar que los estudiantes seguían manifestándose en las calles de la Ciudad de México como si el 2 de octubre del 68 hubiera ocurrido apenas ayer; tampoco el reaparecer de movimientos guerrilleros en los años 90, mientras una parte del país firmaba tratados comerciales internacionales; ni el homicidio de un candidato presidencial; ni la represión violenta de jóvenes, (que sigue ocurriendo hasta la fecha) o los conflictos entre gremios y gobiernos. Todo eso ya ocurrió alguna vez en México y si ya ocurrió puede volver a ocurrir, pues en nuestro país el pasado está vivo, se mantiene latente y brota de nuevo, como siguiendo el ciclo de unas extrañas estaciones.
La clave de Carlos Fuentes me brindó una mecánica mental para entender que el tiempo de México no es lineal, que mientras en otros lugares del mundo existe una idea de progreso hacia el futuro que engulle el pasado y lo supera, aquí las capas del ayer se quedan impregnadas en el presente. Aquí los fósiles andan vivos, como el ajolote.
Todo bien hasta el momento, pero con las recientes noticias confirmo que la distinción era en realidad una ilusión. El terrorismo, la marca de los años setenta, regresó al escenario europeo. Veo las imágenes del horror en mi celular e imagino que Septiembre Negro, la Banda Baader-Meinhof, las Brigadas Rojas y hasta el mismo Carlos El Chacal, siguen deambulando por las orgullosas calles europeas, lastimando los sueños de los inocentes.
Pero el terrorismo es solo una parte de la historia: la línea del odio entre el próximo Oriente y el Occidente sigue su trazo original, reeditando la historia que inauguraron aquellas batallas entre persas y griegos o partos y romanos, pasando por el Islam, los turcos otomanos y los moros, hasta llegar a los talibanes y los estados fundamentalistas de nuestros días. Alguien por aquellos lejanos paisajes decreta una Guerra Santa y se escucha el rechinar de dientes en otras partes del mundo.
Carlos Fuentes estaba equivocado. El tiempo mexicano no es sólo mexicano. También allá, en el viejo continente, los pasados están vivos y se amontonan en el presente. Habrá que seguir temiendo por ellos.

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