Enemigo mío

Fecha: 3 de febrero de 2017 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Mi perro tiene un enemigo, un perrito vecino, muy sangrón, que asusta a los niños y gusta de mordisquear los talones al pasar. Mi perro lo aborrece. Cuando lo ve desde la ventana le ladra con frenesí, hasta que logra que salga de su campo de visión. Muchas veces lo encuentro desesperado, atrás de la puerta, suplicando la oportunidad de salir a disputar el territorio. El paseo se vuelve aterrador si lo llevo a la calle cuando el perrito rival está por allí. Mi perro es pequeño, pero en esas ocasiones se sacude con furia salvaje intentando ir al combate con su animoso rival. En una ocasión logró zafarse de la correa, protagonizando una pavorosa confrontación que terminó con mi perro persiguiendo por la calle al adversario. Aún así el equilibrio se mantenía, como si fuera una guerra fría que se caldeaba por momentos, hasta que una vez el odiado perrito se extravió y no se supo de su destino por varios días. Incluso sus dueños, mis vecinos, lo dieron por perdido. Entonces mi perro cayó en depresión. Miraba por la ventana para ver si surgía alguna ocasión para ladrar con la furia acostumbrada, pero nada. Cuando lo sacaba a pasear volteaba hacia la casa vecina para ver si lo descubría, pero de nuevo nada. En lugar de retornar con energía de los paseos lo percibía triste y somnoliento. Un día el perrito regresó, mis vecinos se alegraron y todo volvió a la furiosa normalidad, con mi perro insistiendo en las viejas mañas. Recobró el estruendo pero también la vitalidad. Hasta la fecha se mantiene vigilante y no perdona oportunidad para manifestar su agitada oposición. Así sigue, ladrando cada que ve al odiado y luchando por la oportunidad de alguna pelea que culmine en una sabrosa persecución. Me doy cuenta, al ver el entusiasmo de mi perro, que todos necesitamos un enemigo. Si no tenemos esa fortuna habrá que inventarlo. Es algo bueno para la salud y le da sentido a la vida cotidiana.

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