Ese amor altanero

Fecha: 17 de mayo de 2016 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Cada época tiene sus manías y modas en torno al amor, es cierto, pero también es un asunto de temperamento: para algunos (y algunas) está teñido de súplica e infortunio y para otros (y otras) posee rasgos soberbios o altaneros, sin dejar de ser amor. Incluso sería posible clasificar el alma de un pueblo por el sentido que le otorga al amor. Una rápida revisión de la canción popular mexicana no deja lugar a dudas: para nosotros el amor toma forma lastimera. Es un amor sufrido, injusto, desilusionado, traicionado o imposible. El caso es que tan acostumbrados como estamos, por obra y gracia de nuestra cultura colectiva, a identificar al amor con el dolor, nos parece imposible comprender que existen formas de amar sin debilidades ni sufrimientos. Pensé en eso mientras releía el Enrique V de Shakespeare, una lectura motivada por la revisión de la película homónima de Kenneth Branagh (la he visto unas diez veces y siempre me vuelve a gustar). Allí, el joven Enrique, con las armas victoriosas en la mano después de la histórica batalla de Agincourt, le confiesa su amor a Catalina de Francia. El momento es sublime, pero no por constituir una pieza romántica, sino por reflejar el amor del que gana y espera su justa recompensa. Le dice Enrique: «Si puedes amarme por esto, adelante. Si no, decirte que moriré es verdad, pero por tu amor, lo juro por el Señor, no. Pero sí te amo». Catalina debió levantar la ceja y pelar los ojos. Nada de que si no me amas me suicido o me tiro al vicio y la perdición. Enrique le está diciendo de frente: de acuerdo, eres bonita y eres princesa, pero no es para tanto. Dicho sea con otras palabras: te amo, pero si me respondes con una negativa pues créeme que no pasa a mayores, así que decídete de una vez y a lo que sigue. Nada mal. Creo que a los mexicanos nos hizo falta alguno que otro Enrique como éste (y muchos párrafos literarios así) para equilibrar tanto melodrama de nuestra conciencia. Quizás seríamos un pueblo menos cantor, pero también menos sufrido. Es cierto que todos moriremos, pero no tiene que ser por amor. Enrique V tiene mucho por enseñarnos todavía. Lo olvidaba: para los que tengan curiosidad por lo que pasó después, les diré que la buena de Cata dijo que sí. Supo que ese amor era del bueno, a pesar de que Enrique fuera tan poco dado a los chantajes sentimentales.

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