Ese cálido subdesarrollo

Fecha: 12 de agosto de 2015 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Lo que llaman «subdesarrollo» no lo es tanto. Quizás sea menos organizado y eficiente en términos económicos, pero puede ser más feliz (o si se quiere: tiene menos oportunidades para arrojar infelicidad al mundo). Lo veo en algo tan simple como los animales de granja y consumo. Una ternera nacida en una granja industrial de carne de un país desarrollado tendrá una de las vidas más tristes que puedan imaginarse: será separada de su madre apenas al nacer y encerrada en una jaula estrecha donde pasará todos los meses de su escasa vida. No saldrá a estirarse, para impedir que desarrolle músculo y su carne se mantenga suave. Tampoco podrá convivir con otras terneras. La primera vez que saldrá a caminar un poco será camino al matadero (una magnífica narracción de esta ruta de la desdicha puede leerse en De animales a dioses de Yval Noah Harari, Editorial Debate, 2015). En cambio el ganado mexicano de un rancho modesto, pasará sus días al aire libre en un potrero donde convivirá con otros animales y pastará apaciblemente. Lo mismo podríamos decir de gallinas y pollos, que en nuestros ranchos deambulan sin muchos pendientes, mientras sus «parientes ricos», aquéllos que por azar nacieron en los países desarrollados, engordarán en reducidas jaulas esperando la matanza. Unos animales y otros están condenados al sacrificio, cierto, pero es muy distinto el momento de vida que se les concede. Elijo al rancho mexicano, quizás pobre, quizás ineficiente, pero donde aprecio menos infelicidad que en aquél, tan rico y poderoso, donde los animales pasan de la desgracia a las bocas de una especie dominante y cruel, la nuestra, que no sólo las devora: también vuelve aterradoras sus breves vidas.

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