La disertación del ingenioso Hidalgo…

Fecha: 27 de junio de 2018 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Ayer quise leer la tesis doctoral de Miguel Hidalgo y Costilla: Disertación sobre el verdadero método de estudiar teología escolástica. Siempre me pareció interesante estudiar algo de los grandes hombres antes de que lo fueran. Este es el caso. Es un texto redactado por Hidalgo antes de ser Hidalgo, es decir, por un joven estudiante que aún no sabía que terminaría convertido en la figura inspiradora, dominante y fundadora de esa insurrección que creó una nueva nación.

El texto fue para mí revelador: muestra rasgos de una naturaleza rebelde, tanto en el contenido como en el lenguaje utilizado, algo que parece insólito en un texto escolástico. Por ejemplo, critica a “los ingenios más amantes de la sutiliza que de la verdad” y a las “escolásticas sutilezas que sólo servían para pervertir el buen gusto y perder el tiempo”. También descalifica réplicas “que tienen más de equívoco que de verdad”. En algún momento parece cuestionar, con cierta ironía, al propio Santo Tomás: “concordó sus doctrinas con nuestros dogmas, separó lo útil de lo pernicioso e hizo a la Filosofía servir de esclava a la Fe”. De hecho, afirma que este filósofo (le llama “Santo Doctor”), adoptó los principios de Aristóteles no por lo fundado de sus principios sino por “la condición de los tiempos”, pues para combatir a la cultura teológica dominante eligió aprovecharse de una doctrina que los demás admitían (la del propio Aristóteles). Suena casi increíble, pero también dice por allí que hasta podría ser injurioso considerarlo santo, precisamente por aprovecharse de Aristóteles para derrotar a sus adversarios.

El texto rebosa de referencias a reconocidos teólogos como Juan Gerson, pero también incorpora citas de Marco Tulio Cicerón, de Séneca, de Virgilio, de Feijoo (el introductor del género ensayístico en la literatura española, enemigo de la superstición y promotor de la visión científica y humanística). En algún momento se hace eco de algunos teólogos que califican a la escolástica de inútil y escribe un párrafo que revela un extraordinario talento: “Si nos dicen que es una senda totalmente extraviada la que siguen los puramente escolásticos, ¿por qué hemos de ir nosotros por donde van y no por dónde se ha de ir?”.

Más adelante advierte que es posible “confundir la Divina Palabra con las fábulas y ficciones de los hombres” y se ríe de los aspirantes a teólogos que ignoran historia y geografía, por las contradicciones en que incurren. También se burla de cierto autor, un tal P. Gonet, que pretendió escribir una obra en muchos tomos siendo que no valen la pena la mayor parte de ellos y lo dice así: “¿Y no es defecto que, de los 5 tomos, apenas se pueda componer uno de substancia? ¿Y no es lástima que hayamos de andar por países tan espinosos para coger uno u otro fruto, cuando podríamos tomarlos a manos llenas por otros sembrados de flores?”

En suma, parece en todo momento estar discutiendo con alguien y lo hace de forma divertida, casi con burla y usando un estilo chispeante y agresivo al mismo tiempo. Sin duda, este joven redactor anunciaba, con sus dichosas ironías, al hombre travieso, al admirador de la belleza femenina, al traductor y director de piezas de Molière, al apasionado de la fiesta brava, al que abolió la esclavitud y, en suma, a ese padre fuerte, audaz y divertido que es el padre de todos nosotros.

¡Qué grato es ser hijos de Hidalgo!

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