La princesa atrapada en una cama de hospital

Fecha: 2 de marzo de 2020 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Podría hablar mucho de Luz María. Fue una chica de una familia modesta de la calle Cadenas y después de la calle Jiménez, del centro de la ciudad de Colima. Nació en Mazatlán, pero fue algo circunstancial. Su padre es colimense y ella radicó aquí desde muy niña. Estudió por puro tesón, a pesar de que las circunstancias familiares no le fueron totalmente propicias. Terminó la primaria en la Escuela Tipo República Argentina, del centro, la secundaria en la Enrique Corona Morfín, donde la conocí, después el Bachillerato 1, en la Universidad de Colima, donde también coincidimos. Desde muy niña se sintió fascinada por la televisión y jugaba a representar papeles de las películas que allí veía. Eso marcó su personalidad, volcándola a los medios de comunicación.

Logró concluir con éxito la licenciatura en Comunicación Institucional, en la Universidad de Colima y después tomó algunos cursos de redacción e historia literaria en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, así como uno de cuento en la Universidad Iberoamericana. Tuvo la oportunidad de ser locutora en una estación de radio adscrita al sector público y después fue conductora pionera en la naciente televisión del propio gobierno estatal, donde participó en programas de difusión cultural y en noticiarios. Con los años llegaría a dirigir esa misma estación de radio y ese mismo canal de televisión, cuando se unificaron y convirtieron en el Instituto Colimense de Radio y Televisión. Ese Instituto se volvió muy fuerte gracias a su gestión, ampliando su programación y llegando a los municipios de Tecomán y Manzanillo. Así que, de forma extraordinaria, llegó a dirigir a las dos instancias de comunicación donde comenzó a trabajar.

Fue también coordinadora de comunicación social del DIF Estatal y años después, como resultado de ese mágico destino que tuvo, también dirigió parte de esa institución a través de la Secretaria Ejecutiva del Voluntariado Estatal. Por esa época, además, coordinó las actividades del voluntariado de la Secretaría de Cultura por nueve años, los mismos en que estuve a cargo de esa secretaría.

Pero no fue sólo eso, también hizo periodismo escrito, primero como reportera y después como articulista, a veces con su propio nombre, otras con pseudónimo. La última serie de sus artículos los identificó con un título estupendo: Historias a la luz. No fueron muchos, pero eran muy inteligentes y bien escritos. Los compilaré para difundirlos mejor. El último de ellos lo escribió cuando la enfermedad ya estaba dificultándole, incluso, manejar el teclado de su lap. Allí, confesó que se sentía como David luchando contra Goliat. Y en efecto, su enfermedad fue una lucha desigual, condenada desde el principio a una imposibilidad médica por ganar. Sin embargo, no se rindió. No renuncio a la lucha ni un momento. Siguió peleando contra la enfermedad hasta el final. Se buscó toda alternativa médica seria, pero fue imposible contener ese progresivo deterioro. Buscamos expectativas en los mejores hospitales de la Ciudad de México y con algunos de los mejores médicos del país, pero todo fue inútil. Al final encontramos refugio en el IMSS de Colima, donde la atendieron maravillosamente.

Fue una mujer carismática hasta el final. Los grupos de médicas y médicos residentes, o bien estudiantes de alguna especialidad, se tomaban fotos con ella como recuerdo. Siempre exigía estar muy limpia, maquillada y bien peinada, como si estuviera a punto de salir en escena. Las enfermeras le llevaban regalos y estampas religiosas y en general siempre fue atendida de forma extraordinaria. Fue, a mi juicio, como una princesa atrapada en una cama de hospital.

Un gesto la revela: en una ocasión vio que una mujer humilde que era su vecina de cama se levantaba al baño, durante la noche, totalmente descalza. Ella no podía soportar eso y dispuso que le trajeran de casa sus propias pantuflas para obsequiárselas. Todavía recuerdo su sonrisa de satisfacción, una noche en que la acompañaba, cuando vio a la señora usar esas cálidas pantuflas para ir al baño sin pisar el suelo frío del hospital.

Creo que ese sencillo gesto la define.
Siempre la recordaremos.

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