Talentos…

Fecha: 4 de noviembre de 2016 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

El talento es un atajo para resolver problemas o destacar en algo, por eso nos vuelve flojos. No es algo extraño: la naturaleza se formuló con la búsqueda del mínimo esfuerzo y nuestra mente también es naturaleza. Entonces, luchar para imponer disciplina al don natural es el primer reto del talento. Si no se logra esa disciplina que lo adereza y robustece, el talento se dilapida en pequeñeces y se disipa en el anonimato. Sobran las personas talentosas sin lograr el pleno reconocimiento. Se contentan con impresionar a los que tienen alrededor o con alcanzar modestos reconocimientos. Sucede que el talento les dio lo que querían y se quedaron allí, sin explorarlo (y explotarlo) al máximo. Es más, creo que todos poseemos uno o varios talentos, pero los dejamos dormir por nuestra tendencia a la comodidad física, mental o espiritual. Una vez leí una bella frase que resumía muy bien lo que quiero decir: «el genio es la osadía del talento». No recuerdo el autor, quizás era Octavio Paz hablando de alguien (de Goethe, creo, pero no estoy seguro) o tal vez la frase es mía, redactada a partir de alguna lectura inspiradora. Lo ignoro. Intenté buscarla por Internet pero no me apareció como tal. No importa. Dejémoslo así. Lo importante es que es cierta. Si se quiere alcanzar la trascendencia hay que poner a trabajar al talento y llevarlo a donde pueda llegar. Triste sería dejarlo como está. Me repito eso cada que puedo para darle intensidad y laboriosidad a mis modestas facultades. Algo de jugo les extraigo gracias a esa letanía, a pesar de ser –de forma tan íntima– un flojo. Pero dejemos aquí esta reflexión que ya me dio flojera seguir pensando y escribiendo. Ah, pero luchemos un poco más contra la molicie pues falta algo: la misma Biblia, en el Nuevo Testamento (puede leerse la parábola respectiva en Lucas y Mateo) nos recuerda que el talento debe ponerse a trabajar, pues cuando regresemos con El Creador tendremos que darle explicaciones sobre nuestros dones y lo que hicimos con ellos. Sería vergonzoso tener que decirle que no logramos gran cosa con los talentos que sembró cuando nos envió a la vida.

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