Tus columnas, que sostienen tanto…

Fecha: 6 de enero de 2017 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Deambular por esas columnas labradas a pulso, cinceladas en horas de pasión estética,

de furiosa persistencia,

entre las ansiosas miradas de quienes se reúnen a moldear su esperanza.

 

Ella lo consigue

(nadie podría dudarlo al mirarla,

es inútil desviar los ojos y disimular cuando cruza con gracia esas columnas

y se sienta

y te mira con ojos de cosaca

Mientras contengo las ansias de saltar hacia ella

y embestirla sin tregua)

 

Le da un acabado de aliento y deseo a su anatomía…

Por eso bulle entre las imágenes,

se regodea en si misma cuando se percibe su paso,

se derrama desde una epidermis que mantiene distante y altanera.

 

Es su piel (nadie lo duda) una ciudad prohibida.

No pueden tocarla los herejes,

los que intentan (egoístas) deleitarse en su suave aspereza,

los que se obsesionan (ilusos) en su impermeable anatomía…

 

Ella guarda su deleite,

espera a que mis labios regresen de otras vidas

y la beban en su íntima dulzura,

recorriendo su camino de rocío,

de sabroso goteo,

hasta la cima,

hasta los territorios donde no se pide tregua, hasta la profunda espesura…

 

Allí donde ella perderá el arrojo

y repetirá, entre chillidos de selva,

que siente y sabe…

Que no es mármol su piel

Que no es fría la superficie

Que no es una escultura.

 

Que sus columnas fueron hechas para mí

mientras perduran…

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