Un bolso de mujer en el escritorio…

Fecha: 29 de abril de 2019 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

María de los Ángeles Moreno fue una mujer pionera en muchos aspectos de su vida política y profesional. Una de esas incursiones fue en la secretaría general, primero, y después en la presidencia del comité ejecutivo nacional del Partido Revolucionario Institucional (del 3 de diciembre de 1994 al 19 de agosto de 1995). Tuve la fortuna de colaborar con ella, no de forma directa, sino mediante su Secretario Técnico, del cual fui asesor. Si bien no tenía un trato cercano con ella (en el ambiente político los vínculos se realizan mediante los jefes inmediatos y no es bien visto “saltar las trancas”), pude participar en muchos de sus esfuerzos del momento y vivir algunas interesantes experiencias.

Un día se organizó una rueda de prensa importante, por algún motivo que no recuerdo. Yo andaba “en la bola”, ayudando un poco en la organización del evento. En algún momento, mientras María de los Ángeles saludaba a los periodistas, mi jefe inmediato me pidió que fuera al escritorio de ella por una carpeta color verde. Al parecer la dichosa carpeta era indispensable para la rueda de prensa. Fui hacia allá, abrí la puerta y entré. Yo conocía ese despacho. Ya lo había visitado en otras ocasiones, cuando colaboré con un presidente del PRI anterior, pero no había entrado allí en ese nuevo periodo. Al fondo, atrás del escritorio, se encontraba una bella pintura del fundador del Partido Nacional Revolucionario, antecedente del PRI, Plutarco Elías Calles. La pintura seguía allí. Calles es un ejemplo del hombre de Estado. Fue un revolucionario firme y astuto, que es considerado el verdadero triunfador de ese bravo oleaje que se conoce como la Revolución Mexicana. Otras figuras legendarias de ese movimiento fueron devoradas por él: Madero, Carranza, Zapata, Villa, Obregón, por mencionar tan sólo a los más destacados, fueron devorados tarde o temprano por el vendaval armado (“Las revoluciones son como Saturno: devoran a sus propios hijos”, decía Dantón), pero Calles consolidó el poder y durante su ejercicio el país transitó a otra etapa, la de la Revolución vuelta gobierno estable. Calles era además un político de “pelo en pecho”, de esos machos armados que fueron el prototipo de la fuerza en México durante décadas.

Pues bien, se imaginarán mi asombro cuando un poco adelante del cuadro de Calles que iluminaba la estancia, sobre el escritorio, vi un bolso de mujer abierto. Fue para mí un momento mágico. Tomé conciencia de que allí despachaba una mujer, la primera en una larga historia de liderazgos varoniles. Calles nunca llegó a mirar a una mujer como una fuerza política, mucho menos como una líder partidista. No era su momento ni su circunstancia, pero allí, en el partido que el había creado, una mujer tenía su bolso abierto debajo de su hosca mirada. En esa época no existían aún los celulares y menos los equipados con captura de imágenes. Hubiera sido sublime tomar una foto de ese momento perfecto, que simbolizaba el verdadero triunfo de la mujer en un medio considerado varonil por excelencia: el liderazgo partidista, el control de la clase política, la representación de una fuerza legislativa y electoral. Ya se contaban mujeres gobernadoras, claro, como la pionera entre pioneras, Griselda Álvarez, pero ninguna había dirigido el partido en el poder hasta ese momento. Era el momento del cambio, un cambio que las mujeres estaban asumiendo y del cual María de los Ángeles fue la protagonista.

Desde entonces guardo esa imagen en la memoria: creo que al lado del escritorio de toda mujer de poder hay un bolso donde se guardan misterios y esos bolsos resisten la más hosca de las miradas del pasado.

Adiós, señora. Fue un honor trabajar con usted.

 

Compartir en

Deja tu comentario