El filósofo que todo lo veía mal…

Fecha: 28 de febrero de 2011 Categoría: La irreflexiva reflexión Comentarios: 0

Un filósofo decidió mantener una actitud crítica ante el mundo. Solía decir: «Todos hacen algo, pero siempre algo de lo que hacen lo hacen mal y si rectifican algo puede ser que lo hagan peor y mi labor es señalarlo». A esta actitud la llamó «la obsesión crítica» y se dedicó a propagarla por su pequeño mundo. Todos se sentían observados por el viejo latoso que todo lo veía mal y decían de él que tenía el ojo preciso para descubrir lo malo incluso en medio de lo bueno. Si alguien barría el frente de su casa decía: «Éste al barrer el frente de su casa arrebata del suelo el humus de las hojas de otoño… si todos terminamos barriendo así el mundo será un páramo.» Si alguien decidía cultivar maíz decía: «Éste es un tradicionalista sin imaginación… Mira que sembrar lo de siempre.» Y si otro decidía sembrar zarzamora decía: «Mira nada más, a éste ya se le olvidó su origen y renegó de sus antepasados. Se le olvida que es un hombre de maíz, no de zarzamora ¡Aberrante!…Debería leer a Miguel Ángel Asturias». Si alguien ponía nuevos cerrojos a su casa lo acusaba de desconfiar de sus vecinos y si otro dejaba abierta la puerta lo llamaba descuidado. Si alguien bailaba lo señalaba como afeminado. Si alguien se mantenía sentado en la fiesta era un aburrido. Lo peor de todo es que pontificaba y buscaba hacerse de discípulos, diciendo: «Si todos ejercemos la obsesión crítica encadenaremos los yerros del mundo hasta encontrar la senda de lo perfectible». Cuando sintió cercanos sus últimos días dijo: «Cumplí mi misión en la vida. Señalé. Dije. Censuré. Mantuve mi obsesión crítica hasta el final. Espero que se entienda mi legado». Así fué. Apenas murió todos retornaron con alegría a barrer sus casas, a sembrar maíz o zarzamora y a bailar o no bailar si así querían. Pero algunos, muchos años después, los que no habían tenido que vérselas en vida con el viejo latoso, creyeron encontrar en su recuerdo el modelo de las virtudes antiguas. Hoy se le honra como uno de los grandes.

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