Apuntes de la categoría: Eso que brota

Una imagen

Fecha: 20 de julio de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Ella está de pie. Él también, Miran hacia el frente, pero no a la cámara. Alguien les dijo que deben mirar a un punto indescifrable, algo en la distancia, quizás una cosa que pasa. Ella limpia, bien planchada. El ajado, como los días de labor, como la vida sin tregua. Es una pareja madura. Mineros, quizás. Lo digo por la escalera a un lado, el pico y la pala al suelo. Atrás una gran piedra. El viejo fotógrafo me dijo: “inventa una historia”. Lo hice. Supuse que él se dedicaría por años a golpear la piedra hasta volverla añicos y ella lo asistiría con la resignación de lo que toca en vida. Supuse una vida de búsqueda con hallazgos ocasionales de sonrisa fugaz, para volver a la faena del día siguiente. Pero no fue así. El viejo fotógrafo me lo dijo al final: en realidad ni se conocían. Los vio al pasar y les pidió que posaran frente a esa piedra. Los implementos ―escalera, pico y pala― ya estaban allí. Por eso la pareja ocasional guarda distancia y mira hacia algún lugar. Por eso se perciben incómodos. Una pose sin mayor propósito. Un afán de participar en lo que alguien pide. Estar allí nada más, mientras alguien toma una foto que parece contar una historia. Y yo aquí sacando conclusiones que a nadie importan. Otro día no diré lo que pienso y haré como ellos: me recargaré en una gran piedra y miraré sin decir nada.

Oscilación

Fecha: 12 de julio de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Ella es música, delicado contoneo,

al deambular mientras la miro.

 

Meciéndose en son de ritmo propio,

sacudiendo el polvo de un mundo imaginado.

 

Zarandea las formas de aquel suave declive,

en el sinuoso desdén de su voraz anatomía…

 

Continente anhelado y aún sin nombre,

rumor perdido en el horizonte del viajero,

misterio anotado en pergamino,

noticia de algo indescifrable.

 

Continente contenido apenas insinuado

que se desborda de la piel de su universo,

de su plataforma de columnas

y la enredadera que brota de su frente.

 

Camina sin prisa,

desafiante,

altiva,

queriendo/sin querer

despertar con la mirada

todas las formas

de ese ansioso apetito que cambia con los años.

 

¿Cuál es poder de su danza?

Puede evocarse a voluntad

sin que importen pasos y extravíos,

los días perdidos,

los instantes dilapidados,

pues su imagen,

el rítmico caminado

los pasos que son trazo

fueron hechos para ser

(por mí) recobrados.

Arriba…

Fecha: 23 de junio de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

 

Subir la colina la orden

y nos arrojamos como bestias.

No importaba:

éramos jóvenes y se podía

tirar la vida.

Ya se sabe, hay una edad

donde se ignora lo que vendrá.

 

No flanquear fue otra orden.

Imposible:

duraría días perderse en la selva, sin pelear

(“ocio de combate”, dijeron que sería)

 

Primero los cañones,

calibre de ablandamiento

―dijeron―

Pero no gran cosa,

―lo aceptaron―

Apenas llamaradas para levantar la moral

de los que mirábamos,

sin mucho daño real

entre los de aquel lado.

 

Un ascenso con olor a quemado,

la colina se derramaba

de aquello que la colmó ayer.

Lágrimas como lava.

Pastillas efervescentes

(en agua de jamaica)

 

Así resistieron,

entre el dolor y el olor a dolor.

Besaban sus signos y disparaban

dejándose matar mientras mataban

(hacemos todos algo así).

 

Hubo actos heroicos, cierto,

y muertos por racimo

entre los que subían y bajaban.

Unos sentían subir a la gloria,

otros bajar al infierno,

pero unos y otros morían,

anhelando estar en ningún lugar

o en todas partes,

menos allí,

en el último lugar que verían.

 

Al disiparse el dolor,

al callarse el humo,

al apagarse los gritos

por las gargantas quemadas,

llegamos a la cúspide.

 

Morir o vivir, digámoslo de una vez, no es cosa de talento, ni voluntad, ni destreza. Es cosa de azar. Algunos pensaban y morían. Otros rezaban y morían. Otros se escondían y morían. Yo viví, llegué arriba y no podría explicarlo.

 

Volvimos la vista

por la colina arrasada.

Una gran colina,

con argamasa de carne

y contrafuertes de lágrimas.

 

Nos quedamos allí un rato.

“Fue un éxito”

―dijeron―

y repartieron medallas.

 

Bajamos y miré esa colina

que nadie conocía ayer

y que tan poco importaba.

 

Desde ese momento quise olvidarla.

 

Besos al atardecer

Fecha: 23 de junio de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Miré ese jardín muchas tardes

esa banca

a esta hora en especial

soñando con besar unos labios

que nunca pude besar.

Esos labios se escaparon

tantas veces

que a fuerza de anhelarlos

de escribirlos

de saborearlos a solas

se calcaron en los míos.

Ahora ya no sé si estos labios

los que uso

con los que digo y susurro

con los que como y bebo

con los que digo discursos

poemas y desvaríos,

son los que ya tenía

los que deseaban besar

y se quedaron vacíos

o los que fueron impresos

de tanto anhelo perdido

de tanto ser deseados

quitando de su lugar

a los que fueron los míos.

Cosa de lágrimas

Fecha: 21 de junio de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Llorar es respirar. En el primer llanto le decimos al mundo que ya llegamos. Es el anuncio de que la vida sale a respirar… ¿por qué entonces nos avergonzarán las lágrimas?

 

Si al nacer lloramos por primera vez, ¿entonces todo el llanto que viene después es renacer?

 

El llanto del cielo es llover. Hasta se parecen: llanto, llover. Lágrimas que fertilizan el suelo.

 

La lágrima que corre labra la mejilla, humedece el alma, fertiliza la piel, vuelve maleable la costra de los días.

 

Si se agotara la lluvia vendría una estación seca, la erosión. Erosión es el suelo vuelto polvo y olvido. Sin llorar también se erosionaría nuestra mirada y se disiparía en polvareda.

 

Sequía es anhelar el agua. Cuando no llueve esperamos que llueva. Lloramos mientras tanto. Nuestras lágrimas anticipan a la lluvia.

 

Lloramos, nuestra agua no se agota. Es un don de nuestra especie: tenemos manantiales para satisfacer el goteo de las tristezas. Un río subterráneo corre bajo el estanque de los ojos.

 

Es un portento de lo humano: producir agua salada para derramarla por el mundo.

 

¿A dónde van las lágrimas que nadie ve?, ¿sirven para algo?, ¿o será que sólo existe el llanto que es mirado?

 

Aquellos que lloran de alegría no merecen el perdón. El mundo sólo gusta del llanto de pena y dolor.

 

Sé de quienes lloran en silencio, en tímido lloriqueo. Absurdo. Es mejor llorar a todo pulmón. Sin el llanto como aviso, como llamada, nadie llegará a dar consuelo. Ahora que lo pienso también se parecen: llanto, llamada, llegar.

 

El sollozo es aberrante. Es un simple balbuceo del llanto. Llorar es algo fuerte y duro, es un gesto orgulloso que sirve para curtir el alma.

 

Llorar es humedecer las penas para que se apresuren a reverdecer y dar fruto.

 

Llorar es aceptar que algo de nuestro dolor vale la pena.