Apuntes de la categoría: Historias al pasar…

¿Si regresa es tuyo?

Fecha: 10 de abril de 2021 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0
Recuerdo que cuando estaba en secundaria y quizás en bachillerato había una frase que circulaba mucho y todos la citaban: “Si amas algo déjalo ir, si regresa es tuyo y si no jamás lo fue”. Solía ir acompañada de una gaviota, un pelícano o algo así, a manera de póster (aún no se usaban los “memes” pues ni internet había y mucho menos redes sociales)
Nunca entendí muy bien la dichosa frase. Incluso me parecía absurda por razones como las siguientes:
1. ¿Para qué dejas ir lo que amas?
2. Si quiere irse es que ese “algo que amas” no está muy cómodo contigo, así que se irá aunque intentes retenerlo.
3. Si se va y luego regresa quizás ya esté medio arruinado por algunas malas mañas en el camino, así que no debe ser muy apetecible.
4. Puedes imaginarlo como un mango y no como una gaviota o un pelícano: llegará muy “mallugado” y mosqueado, así que ¿para qué lo recibirías como si fuera una gracia?
(Nota: si eres culto o culta puedes decir: “magullado”, pero es lo mismo).
5. ¿Si regresa estarás allí listo o lista para recibirlo? Eso quiere decir que no te valorabas mucho y te quedaste por allí esperando sin hacer nada más, como la loca del puerto de San Blas.
En fin, razones como ésa le daba a mis amigas y amigos de la secundaria y en general me consideraban como un ser detestable y antagónico al romanticismo.
Con el tiempo, viendo lo que sucede con algunas amigas y amigos que han disfrutado experiencias así, creo que sigo teniendo algo de razón.
No dudo que haya experiencias de reencuentro interesantes y bellas, pero en general no es así, pues los defectos se acentúan con los años y, por si fuera poco, las personas que te dejan una vez volverán a dejarte en el futuro (la insatisfacción y la inconstancia se vuelven parte de la personalidad).
Así que podríamos reparar un poco la frase inicial para decirla así: “Si amas algo y se va pues déjalo ir, no vale la pena retenerlo, y si regresa mejor escapa lejos porque a la primera oportunidad querrá hacer lo mismo”.
Moraleja: algunas frases suenan bonitas pero no significan gran cosa y no porque todos las citen quiere decir que su contenido valga la pena.

Soledad que vuelve a ella

Fecha: 26 de marzo de 2021 Categoría: Historias al pasar..., Sin categoría Comentarios: 0

De vez en cuando me siento un poco solo, no mucho, apenas lo suficiente para darme cuenta, pero vaya que me doy cuenta. No es algo sencillo, ojalá lo fuera pero es complicado interpretar la soledad. No es una cuestión de magnitud: es más bien una percepción de ausencia. Por ejemplo, se puede estar de pie en multitud y seguir a solas. Otros se sienten acompañados cuando nadie queda alrededor y algunos más, los hay, que no les importa una u otra cosa (afortunados los otros y los algunos, pero no estoy entre ellos) Lo cierto es que estar a solas (y sentirse solo) es peor cuando nadie lo sabe, ni siquiera ella y sé que si acaso lo supiera no le importaría. Sé que diría que sí, que claro que le importa, pero sabemos que no es así, pues si acaso le importara entonces no estaría solo, sino con ella y entonces este apunte solitario no tendría sentido. Incluso creo que si le contara que me siento solo apenas reaccionaría: quizás haría un gesto de desdén, una mueca de incomprensión o miraría con una duda despectiva. Es más, ni siquiera levantaría una ceja y después de decir algo, lo que fuera que dijera, sería algo dicho para ella y no para mí y después se olvidaría de todo ―de mí, de la soledad, de su gesto de desdén, de su mueca de incertidumbre y de su mirada cargada de una duda despectiva― para seguir haciendo lo que hacía, algo que nada tendrá que ver con lo que yo decía. Insisto, es algo complicado, pero, a todo esto… ¿Por qué regreso a pensar en ella, cuando es por ella que me siento más solitario que otras veces? Quizás sea porque al pensar en soledad inevitablemente pienso en ella y entonces algo valdrá la pena de sentirse a solas este día.

Sillas

Fecha: 26 de marzo de 2021 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Andaba malhumorado cuando llegué a un viejo auditorio donde se amontonaban algunas sillas en desuso. Se me ocurrió separar una y colocarla en medio del foro. Me pareció una metáfora de la soledad. Luego puse dos, una frente a otra. Era una clara expresión del diálogo. A esas mismas dos las coloqué en oposición, cada una mirando a otro lado y me fue posible imaginar a una pareja distanciada. Luego tomé tres, cuatro, cinco y muchas más para construir figuras con ellas. Dependiendo del acomodo, algunas de las combinaciones resultantes me daban la impresión de un enconado debate, un encuentro amoroso, un desencuentro amargo, una discusión sin sentido, una turbamulta, una aglomeración caótica, en fin. Cada combinación asemejaba una emoción humana, una conducta, una expresión de nuestros encuentros y desencuentros sociales. Nada raro, pues las sillas son una prolongación de nuestra humanidad y fueron hechas para portar al ser humano, para dar cabida a lo que sucede cuando alguien se sienta en ellas. Estaba en eso, abstraído, cuando llegó al lugar un artista plástico muy dado a lo conceptual. Miró mis grotescas combinaciones y me dijo que todo le resultaba inspirador, que yo tenía una gran sensibilidad creativa. Le dije que no estuviera fregando y me fui de allí a jugar con mis piezas mentales a otra parte. Mejor acomodaré piedras donde nadie me vea.

Pasos

Fecha: 26 de marzo de 2021 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0
Caminar por una calle hueca, casi por un túnel.
Un deambular resonando en el adobe seco, sin ventanas.
Los pasos asemejan voces sigilosas que rebotan en los muros y avanzan conmigo.
Algo da miedo.
Caminar más de prisa hasta que los ecos de mis pasos sean charlas animadas.
Un poco más y los muros devolverán un vocerío desenfrenado.
Entonces correr, para que el coro se vuelva un alarido.

El invisible

Fecha: 26 de marzo de 2021 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0
Me puse a caminar por el jardín cercano intentando hacer un poco de ejercicio. La noche se sentía cálida y solitaria. Al iniciar vi unas cuantas personas, pero se retiraron muy pronto y quedé con el jardín para mí. Caminé un poco más. Puse música con mi teléfono y acomodé los audífonos. Escuché algo suave y seguí caminando. Algunas melodías llegaron con fuerza, invitándome a sentir el ritmo. Quise bailar un poco. Miré hacia todos lados. Nada. Un jardín solitario que me invitaba a explayarme. Ni siquiera pasaban vehículos por las calles adyacentes. Por unos instantes gocé de la sensación de invisibilidad, de perderme entre el paisaje de la noche. Me animé a caminar siguiendo el ritmo de California Dreamin, luego de Scare Easy y Stayin’Alive (perdón, pero mis gustos no son muy actuales). Cuando llegué a Bitter Sweet Symphony de plano dejé de caminar y me puse a bailar solo, con soltura y suavidad. Miré una vez más alrededor y no percibí a nadie, así que me puse a brincotear por todos lados. Casi un Fred Astaire deambulando por entre bancas y postes de luz.
Al día siguiente una amiga me dijo: “Rubén, te vi bailando en el jardín. Te veías muy contento”. Dios. Le dije que no era yo. Que tengo un vecino que se me parece mucho. Que yo poco camino y casi nunca bailo. Corrí a esconderme deseando ser invisible en verdad. Nada. No volveré a caminar en solitario nunca más. La sensación de invisibilidad es peligrosa.